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miércoles, 12 de agosto de 2020

Quien siempre te espera


Un ritual de vida




Viernes 13 de marzo 2020 un soleado y  caluroso día, sobre Buenos Aires.

—Hola me sostenes un momento esto por favor y me cuidas el lugar.
Como con una frase tan simple se empieza a rodar toda una seria de sucesos que según las decisiones que tomemos será para nuestra felicidad o nuestra desgracia.
A Germán le está pasando  en este instante. Laura su vecina de años le pide asistencia con una maceta que contiene un cactus. Laura es unos mujer de unos 30 y pico de años, muy bien llevados, hay que conocerla para saber su edad .Pues sino claramente parecería no haber llegado ni a 30 años. Es profesora de gimnasia, pelo rubio ojos marrones claros, algunas arrugas imperceptibles. Germán la tiene muy bien estudiada, la ha visto pasar y se han saludado más de una vez, son vecinos pero jamás cruzaron más de tres o cuatro palabras.

Germán es de pelo negro piel castaña de contextura media. Germán es analista de sistemas. Tiene  45 años, bien llevados hace gimnasia en su hogar además corre 8 kilómetros día por medio. Es un tipo de hombre solitario metido en su trabajo, vive solo. No es el tipo de hombre que disfrute de su soltería, no va a bares ni a lugares sociales. Por alguna razón que él ha dejado de investigar aun no se caso y parece que ese  tren ya pasó. Su experiencia con el sexo opuesto no ha sido traumática pero no ha tenido suerte. Se siente solo y sin propósitos ni objetivos a Germán le cuesta mucho entablar relaciones interpersonales.
“Si claro, si” —dice Germán y toma la maceta mientras Laura se aleja unos metros hasta el fondo del mercado.
Ella tarda un momento así que Germán sede su Lugar en la fila, hasta que Laura aparece con otros paquetes en sus manos.
—Gracias, me olvido siempre algo ¿Cómo andas? Ayer no te vi pasar corriendo.
“No es que hice otra ruta sino me aburro y vos ¿Cómo andas?”
—Bien haciendo cambios profundos en mi vida, pero mejor que nunca.
—Te toca. —German la miraba en silencio.
—Te toca a vos la caja.
“Señor por favor avance. —dijo la cajera con voz fuerte.
“ haa si, si yo ,si .—Germán avanzo ,fue y pago su compra en la primer caja. En la segunda pago Laura así que salieron casi juntos del mercado.
—Te llevo.—dijo Laura desde la ventanilla del auto. Germán siguió caminando sin acusar recibo.
— ¡Germán! —Grito Laura.
“Si, decime”
—subí que te llevo.
“ Nooo estoy cerca” —Pero aunque sin saber muy bien porque intentaba negarse a subir al auto de Laura. Fue inútil Laura paro el auto e insistió.
Germán se resistía a subir sin una razón clara, él quería subir, siempre le había atraído Laura pero jamás  intento nada. El era así, por eso estaba solo.
El camino de 5 cuadras que era la distancia que separaba el mercado del barrio. Se les paso hablando del hermoso día que hacía y lo complicado que era el transito últimamente. Laura estaciono el auto en la puerta  de la casa de Germán ambos bajaron, Laura abrió el baúl para que Germán retirara sus cosas. Germán tomo sus cosas y se retiraba  agradeciendo la amabilidad de Laura. Laura lo saludo y por un instante quedo en silencio en el auto, como si mirara el volante. Toco dos veces la bocina para llamar la atención de Germán y bajo del auto, camino rápido unos pasos que era donde estaba Germán con la llave de su casa en las manos y con una sonrisa pregunto:
— ¿Tenes planes para hoy?
“¿Eh, eh? Si, no, no, no tengo, es que. —Laura entonces le respondió
—Bue,  ya tenes un plan. Te invito a la Azotea bar, a las 22hs te paso a buscar. —Dio un pequeño trote se subió a su auto y se fue. Germán abrió su puerta intentando no demostrar demasiada alegría, cerró la puerta y con un gesto de puño cerrado dirigido al techo dio un fuerte ¡Siiii!. Estaba realmente sorprendido y a la vez feliz.

Pensó; pero Laura estaba casada, o al menos convivía con alguien. Igual ya es tarde averiguare esta noche y ya veré.
A las 23 hs llegaron a Azotea Bar y  después de un momento; desaprecio el ruido las voces, la música, el bullicio y las personas. Parecía  que quedaron ellos dos solos.
Lo importante era que Germán comprobó que Laura estaba sola, se había separado.
 Ambos comenzaron el ritual amoroso, de una manera mágica. Hacían las compras juntos y casi estaban todo el día juntos. Salvo instantes en que Germán se iba a ver a algún cliente o Laura se iba a dar clases al club. El martes a la noche compartieron la cena y luego miraron unos minutos de tv , en la tv no paraban de hablar de la nueva enfermedad que nació en China. Hicieron planes para el viernes ese viernes…

Pero el jueves se anuncio una cuarentena sanitaria estricta, porque la pandemia había llegado.
Así pasaban el tiempo ambos, extrañándose a rabiar .Y solo separadados por 200mts y el sentido de deber cívico o miedo de Germán…
Pasaron los primeros 30 días, los 60 días donde solo se veían al ir a hacer las compras.
Pero pronto comenzaron a usar el servicio de entregas del mercado. Así que también esos encuentros eran escasos… 

Laura llamo a Germán pidiéndole que pasaran la cuarentena juntos. Pero Germán se negó muy cortésmente:
“No corazón tenemos que cuidarnos, esto es grave, cuando termine esto vamos a recupera nuestro tiempo”
A Laura le supo a poco la explicación pero no le quedaba más remedio. Ya había intentado de todo. Eso la puso meditativa, nostálgica y meditativa.
El timbre de la puerta sonó, y Germán atendió pero no abrió la puerta, era el chico del súper, quien le traía su encargo. Germán le pidió que lo deje ahí sobre el suelo. El chico hizo lo que le pidió Germán y se fue. Germán se puso el cubrebocas y entro el pedido. A la hora de almorzar prendió la Tv y como todos los días puso el noticiero. La noticias solo hablaban de la pandemia de los muertos, de que debían de cuidarse.
—Es importante quedarse en casa. —decía la periodista mientras repetía la cifra de contagiados.  Germán comió un sándwich, sus hábitos  alimenticios no eran buenos últimamente. Era raro el día que cocinaba casi tanto como el día que hacía ejercicios. Su rutina se había limitado a levantarse tarde, lo más temprano era a las 11hs. Revisaba su email, se serbia un café y prendía la Tv:
—En el día de hoy las cifras de contagiados en EE.UU ascienden a”…”, en Brasil ya superan los “…”. Quédate en casa mantené la distancia social. —Era todos los días las mismas frases a veces más a veces menos. Pero Germán las oía casi religiosamente, acompañado de la misma rutina que todo combinado era un ritual. Solo las largas charlas telefónicas con Laura le arrancaban una sonrisa y alguna carcajada. Pero siempre se terminaba con la insistencia de Laura para que se juntasen a pasar el aislamiento.
Pero Germano no estaba dispuesto a enfermarse justo ahora que su vida había cobrado algún sentido o enfermar a Laura. Así que Germán cumplía estrictamente el aislamiento, se aferraba al término de esta pesadilla para recuperar el tiempo perdido con Laura.

Germán junto las cosas de la mesa y se cambio para realizar algo que se había propuesto el día anterior, una limpieza total y profunda. Había escuchado en la Tv, lo importante de desinfectar los lugares para impedir la proliferación del virus. Por lo tanto tomo un balde lo lleno hasta la mitad de agua y luego vertió parte de los productos de limpieza que el muchacho del mercado le había traído. Era una ardua tarea la que se propuso, pero con la compañía de la voz del periodista del noticiero. Empezó a limpiar y repasar cada mueble y rincón. Una hs después se sintió algo cansado y decidió prepararse un té para tomarse un descanso. El teléfono sonó  era Laura:
— ¿Qué haces?
“Estoy por tomar un té, estoy limpiando, desinfectando, tomando recaudos…
—Recaudos de ¿Qué?
“Por la pandemia, hay que desinfectar y cuidarse” — por un instante hubo silencio, Laura no respondió, pero cuando lo hizo dijo:
—Yo soy muy buena en eso la limpieza, puedo ir y darte una mano, o dos y también todo mi cuerpo, podemos aislarnos juntos. —esta vez el silencio fue de Germán.
—Estas ahí , Germán, Germán..
 “Si, si estoy acá, tu propuesta es tentadora, pe…
—Dale entonces estoy ahí en un santiamén, me visto para que me desvistas, y ahí voy.
“Para, para Lau , no , no mejor no Lau.. Nos tenemos que cuidar esto es serio. Yo no quiero que te pase algo por mi culpa o que yo me enferme justo ahora que te encontré.
—Primero eso que me encontraste, si alguien encontró a alguien fui yo. Dale, nadie se va a dar cuenta que dos vecinos se unen en una casa, no hay nadie en la calle, me siento sola.
“Mira tengo una mejor propuesta dame una, solo te pido una semana y vivimos juntos. ¿Dale?.
—Hay Germán ya pasaron 3 meses de lo que será unos 30 días, yo no estoy hecha para estar sola, te necesito. —Silencio…
—Solo una semana porque si no me voy a casa de mi hermana.
“Pero tu hermana tiene hijos vas a exponer a tus sobrinos vos…sa..
—Mi hermana es medica Germán ella me pidió que fuera no seas tan paranoico, te espero una semana, una.
Laura cortó la comunicación.
 Germán tomaba el té, sentado en el comedor. Casi vomita lo que tomaba pues empezó a toser. Se limpio el pecho y la falda con el repasador y sintió que le faltaba el aire. Se levanto para intentar abrir las ventanas y poder asirse de una bocanada de aire. Pero sobre se levanto sintió como todo le daba vuelta agarro el celular y marco la emergencia, luego todo se oscureció.
Poco a poco recupero el conocimiento y vio sentado a un medico en el sillón de su casa.
Doctor hola, ya estoy mejor.”
—Tranquilo Germán..Ya están aquí. —Se escucho un golpe fuerte, y se acercaron dos personas, Germán se desvaneció otra vez.

jueves, 6 de agosto de 2020

Cubrebocas , cuentos de suspenso cortos

Primera parte   

Cuento de Suspenso corto
Caro y Nacho estaban felices habían podido comprar un departamento a muy buen precio, gracias a contactos de contactos conocieron a una señora que decidió vender su departamento en Caballito con todo lo que tenía adentro. La intención de la Sra. a quien tuvieron oportunidad de conocer era irse a vivir a una comunidad para la tercera edad, que estaba en las sierras de Córdoba y estaba al resguardo de unas monjas. Caro y Nacho tuvieron la oportunidad de conocer a la Sra. Nora y la vieron en dos oportunidades, cuando les mostró el departamento un semipiso con un balcón terraza 3 habitaciones y una de servicio, bien amoblado; luego la vieron cuando firmaron los papeles de compra y quedaron en verse para un último encuentro en el momento de firma de escritura de propiedad.

La Sra. Nora Riglos no se llevó nada solo la ropa y se ve que algunas cosas muy personales. Pero en febrero cuando llegaron Nacho y Caro todo estaba ahí como la primera vez que fueron. En verdad a ellos les venían muy bien los muebles y los electrodomésticos (aunque antiguos algunos en buen estado y funcionando) Para juntar el dinero de la compra, no les alcanzó con los ahorros entonces vendieron los muebles y todo lo que pudieron del monoambiente que alquilaban, vendieron sus autos, el auto de la madre de Caro que estaba jubilada, pidieron un préstamo y los padres de Nacho que eran bastante tacaños esta vez les dieron buena cantidad de sus ahorros. La Sra. Riglos pidió un tercio del valor de mercado y se los redujo incluso un 10% menos así que fue un excelente negocio. Si no hubiera tenido la edad que tenía cualquiera hubiera supuesto que estaba escapando de algo, o de alguien. Pero era una señora como de 70 años bien llevados, y coqueta.

Ingresaron al departamento solo con el colchón algunos enceres de cocina, computadoras celulares, ropa y calzado, y sus dos bicicletas (algo que agradecerían más adelante). Cuando vieron las habitaciones notaron cosas que antes no, por ejemplo, que en una de ellas había cosas de un adolescente y había quedado como intacta a principios de siglo o finales de los 90’ había posters pegados. Y un radio grabador para pasar cintas magnéticas y una computadora muy vieja. Pero recorrían la casa y encontraban más cosas, que si bien sabían lo que eran y como usarlas hacía mucho tiempo que no veían; de hecho, en uno de los pasillos que conectaba el living con las habitaciones había un teléfono con un contestador automático con cinta. El primer día se ocuparon de ver la casa y como Nora les había prometido todo se los dejaba conectado y confiaba en que ellos con el contrato de venta solo cambiaran la titularidad de los servicios, de gas, luz, agua, electricidad, teléfono y naturalmente todos los impuestos y expensas. La señora cumplió todo lo pautado, y dejó la casa impecable. Un sueño qué más se podía pedir, conexión a red de datos porque Nora no lo usaba o al menos eso parecía.

Nora les había dejado el único aparato más moderno de la casa un tv con pantalla plana así que con eso más la conexión de red de sus celulares y computadoras por el momento estaban en el paraíso.
Nacho trabajaba en la aduana en la administración pública y Caro era gerente de una tienda de ropa en un shopping del centro de la ciudad. Lo próximo en la agenda era empezar el tratamiento de fertilidad por la obra social. En definitiva, planes tenían. Iban a organizar una reunión con sus amigos, pero el trabajo de Nacho lo pospuso porque tuvo que viajar dos fines de semana seguidos a Rosario y uno a Chaco; eso en principio puso de mal humor a Caro, pero se le pasó enseguida con unos regalitos que le trajo su compañero de vida.

 Entre idas y vueltas la vida pasó y fueron arreglando el tema de cables y se sorprendieron de que algunos aparatos que hasta parecían obsoletos funcionaran. En la Tv se hablaba de una nueva pandemia, la madre de Caro que era enfermera le dijo que no se preocupara. Revisaron decidieron que iban a pintar el cuarto ese que parecía acondicionado para un adolescente, por respeto pusieron las cosas en unas cajas y como no decidieron muy bien qué hacer con las cosas las pusieron en la pequeña habitación de servicio.
Ya era el 10 de marzo de 2020 y el tema de la pandemia era de cobertura mediática, sin embargo, los dos no tenían mucho tiempo de pensar en eso. Seguían con sus actividades, yendo al gimnasio, al trabajo, comenzando de nuevo la cursada para rendir las últimas materias de economía una, y haciendo un máster en política exterior el otro

Viernes 13


El viernes 13 de marzo llegó Nacho muy enojado pues según le conto a Caro, todas las mujeres de la oficina comenzaron a reclamar la licencia porque como no iban a empezar las clases no tenían con quien dejar los pibes. Como siempre una excusa para no ir a trabajar, le dijo a su mujer, que lo miró no entendiendo muy bien lo que pasaba y se lo hizo saber. Entonces Nacho le explicó con bronca que las grandes feministas pedían las licencias pero que sus maridos también (que él se había enterado por gente que conocía en la AFIP y tenía a las esposas trabajando en aduana) y como no se cruzaban los datos los dos iban a estar en la casa rascándose a dos manos…según le explicó si son feministas a los pibes bien los pueden cuidar los padres pero no, nos recargan de laburo a nosotros. Le decía que era fácil cruzar los datos, pero obvio no lo hicieron. Caro cambio de tema y le dijo que viendo el muestrario de pinturas y pensando el uso que le iban a dar a la habitación y hasta que la pudieran modernizar lo que convenía era un color lavanda, Nacho la miró y le dijo un color pino mejor, su esposa lo miró sin entender y él la besó solo para hacerle entender que era una broma

Pasaron el fin de semana entre lijar paredes y remover pintura del placard empotrado, de ahí se cayó una caja con fotos viejas de la familia de la Sra. Nora. Caro guardó la caja con las otras cajas en el cuarto de servicio. Ese fin de semana a la tarde del domingo se prometieron que el próximo fin de semana limpiaban la casa e invitaban a los chicos a conocer la casa; es más el viernes venían los amigos y el domingo la familia según los planes.
Claro que cuando llegó el tan ansiado fin de semana los planes no se pudieron llevar a cabo. Resulto ser que en el país comenzaba una cuarentena de 15 días a partir del 20 de marzo.
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La pareja lo tomó bien ya que para arreglar las cosas de la casa no tendrían que tomarse la semana de vacaciones, si bien en el puesto que tenía Nacho en su trabajo podía hacer trabajo desde la casa aún no le habían asignado ninguna tarea específica. Así que hicieron lo que todo el mundo, compras para pasar 15 días adentro de la casa, aunque el decreto presidencial decía que se podría ir y estarían abiertos los comercios de cercanía.
Decidieron que lo primero que harían sería continuar con lo del fin de semana anterior pintura y modificación del placard empotrado en la pared. Cuando paraban miraban sus teléfonos móviles y sus computadoras donde todo y todos hablaban de la pandemia. Decidieron que lo mejor sería seguir modificando la casa y no engancharse en eso.

Finalmente, el día que volvieron a extender la cuarentena, se comunicaron del trabajo de Caro para decirle que por ahora mantendría su sueldo íntegro.  Eso le dio alivio, pero saber que su trabajo peligraba hacía que la mujer se sienta incomoda e insegura de su futuro.

Hablando con sus amigas le dijeron que se distraiga y ya que estaba prohibido hacer todo tipo de actividad no tipificada como esencial o exceptuada, que aprovechara a explorar lo que tenía en esa casa. El consejo de sus amigas le vino como anillo al dedo ya que por el momento la plataforma de la facultad estaba fuera de servicio y ni siquiera podía estudiar. A Nacho lo llamaron de la oficina para que vaya a trabajar, solo él y un par más de trabajadores y como estaba bastante cansado de no poder salir dijo que sí.
Caro decidió explorar lo que había en una de las cajas con papeles que habían sacado de la habitación recién pintada. La caja contenía cartas, sí cartas, algo increíble y al mirar las fechas eran de 1982 con sello del ejército argentino; le pareció raro que la dueña de casa no se las hubiese llevado, al principio profanar esos recuerdos le parecía algo malo, pero en definitiva no le hacía mal a nadie y se propuso que no bien termine la cuarentena buscaría la forma de enviar las cartas a su dueña. Al abrir las cartas eran de lo que ellas intuían, sí ellas porque Caro no pudo con su genio y compartía por chat lo que encontró con sus amigas, eran cartas desde Malvinas leyendo se dio cuenta que habían sido del hijo de la Sra. Nora entre las amigas dedujeron que él había sido oficial en de carrera en la guerra y que tal vez tuvo que ver con la dictadura (algo que finalmente descartaron, cuando leyeron que fue estaqueado por defender de la tortura a los soldados conscriptos).

jueves, 30 de julio de 2020

El devorador de mundos

Continua la historia Iniciada con la La Pandemia "La ultima bendita la ultima maldita"
Aquí es la vida de Catalina la que se pone patas para arriba .
Continuamos con :

El devorador de mundos 2 


El eclipse 


“Se equivocaron y no se les murió o se equivocaron de paciente.”
—Le pregunté lo mismo y me juró que no fue eso.—
“Bueno, pero con tanta droga y masaje.”
—¡NO!— Grito Catalina. —No entendés la tipa estaba se sentó en la camilla y hablo a la familia. Eso es imposible, mucho más luego de 45´de RCP y la causa de la parada cardíaca.—
“No me grites idiota” Rezongó Alan
—Bueno ¿entendes que no se puede, cierto? No es que yo tengo un síncope y me hacen RCP aun así no me levantaría como si nada y hablaría.—
“O sea son zombis.”
—Deja de decir pelotudeces. —
“Según lo que te conto tu amigo eso es lo que serían y según lo que me explicas.”
—No es tan simple, te acordas cuando la abuela hablaba de los velorios. Se hacían por la posibilidad de catalepsia, que en este caso obvio no aplica. Pero sí pudiera darse un caso de narcolepsia lo cual explicaría lo que pareciera la muerte de la mujer y pudiera estar relacionada con lo que dijiste de Francia de una intoxicación por alguna planta y es por eso por lo que buscaban a mamá. Claro que no se enteraron de que hace 14 años está muerta.—
“¿Cuándo viajas?”
—Lo más directo lo conseguí para mañana al mediodía con 3 escalas. Tengo que buscar el pasaporte—Dijo Catalina y se levantó de su silla.

Se seguían escuchado alarmas de notificaciones. Además, sonó el timbre de la puerta. Alan miró la cámara de la puerta y no había nadie. Otra vez el timbre de la puerta. Alan volvió a mirar la otra cámara y la otra hasta que se dio cuenta que había solo una persona que usaba la puerta de acceso al invernadero. Sí, era él, el hombre que había vivido todas las guerras. Un tipo que tenía como 87 años declarados (aparentaba mucho menos, incluso hasta unos 60) un alemán grandote que estaba bastante loco, y usualmente no se llevaba bien con nadie del barrio era un ermitaño, él vivía en el barrio desde que los abuelos de los hermanos tenían la fábrica. Como él era quien se encargaba del invernadero desde que la abuela vivía, con los chicos (para él eran chicos) se llevaba muy bien y hasta les cocinaba algo de vez en cuando. La gente decía cosas de él como que había sido nazi y cosas similares, pero Catalina y Alan se habían criado con él, y como les había dicho su madre si hubiera sido cierto lo hubieran juzgado hace tiempo porque el viejo vivía ahí cuando la madre de los chicos era una nena. El viejo simplemente no hablaba mucho y cuando lo hacía sus conversaciones delirantes desconcertaban a sus oyentes. Todo lo pedía a domicilio incluso antes del delivery y no tenía familia; y si bien coleccionaba armas también tenía libros de todos lados y una amplia colección de cosas antiguas.Alan bajo a ver qué quería don Günter. Don Günter pregunto por Catalina y le dijo que no salieran esas noches que él les había cocinado costillas de cerdo y varias cosas más, que era peligroso y le dio una pulsera tipo esclava a cada uno y le pidió que se la pusieran. Alan le agradeció y le dijo que sí a todo y volvió a la casa con intención de seguir monitoreando.
—¿Qué trajo el viejo?— Dijo Catalina que estaba agarrando algo de la biblioteca.
“Obvio cierto quien sino el viejo Günter puede venir a la “caaasa del laberinto”- Rio Alan.”
—Obvio nadie sabe o recuerda donde vivimos, para mis amigos y amantes vivo en ese departamento art deco del puerto y para los tuyos vivís en la chetocracia de la torre más cheta (refinada).—
“Sí además mis camuflajes funcionan bien, ni los mapas de la red ubican este lugar” Alan hizo un ademán con las cejas y agregó. “Y mis bloqueos para los celulares”
-Amén hermano, ahora si mandó comida vamos a comer que me quiero acostar temprano, a ver si duermo— Dijo Catalina acercándose a los paquetes de don Günter. —Además me acordé de que tengo el pasaporte en el departamento así que tengo que irme más temprano.—

Después de comer Catalina escucho los mensajes del contestador automático y uno le llamó la atención pues sí hablaba de posible toxicidad con moho y además de fotosensibilidad. Le pidió a Alan que le enseñe la grabación que él había hecho para vaciar el contestador. Maldijo a Javier por haberle pedido que lo cubriera, los mensajes eran del viernes a la tarde cuando ella salió para el hospital.
Después de eso Catalina fue a su habitación y Alan a otro de sus dominios electrónicos dentro de la casa, en el altillo donde había radios de todo tipo.

A las 5 am sonó el despertador, Catalina se levantó y bajo a la cocina. En la heladera había una notita: (“me fui porque tengo que hablar con los pibes del barrio el Carajo, te veo en el aeropuerto”.) Al ver semejante cosa pensó mi hermano es un hacker y me deja notitas, en casa de herrero. Desayuno, se bañó y solo agarro lo indispensable pues no solía viajar con gran equipaje.
Entró a su auto y vio otra notita de su hermano que decía,( “te dejé la pulsera de don Günter, ponetela después te explico”). Se puso la pulsera que estaba en el asiento, se dio cuenta que ni había revisado lo que le mandaron, habitualmente revistas científicas libros, papeles con protocolos para firmar y alguna que otra vez algún regalo como el del paquetito que no abrió. Pensó en hacerlo mientras esperaba a abordar.
Cuando salió de la casa la bruma era espesa y la visibilidad muy reducida. Encendió la radio, pero hubo interferencia hasta que salió a la avenida. Luego de un rato entre música anunciaban la necesidad de circular con precaución, por la neblina espesa poco habitual para la época del año.
La marcha era sumamente lenta, en verdad se arrepentía de haberse apresurado a sacar el pasaje, pues suponía que de seguir así de lento simplemente no llegaría siquiera a agarrar el documento para viajar.
En la radio también decían que hubo asaltos y hechos de violencia inusuales desde hace dos noches en algunos lugares de las provincias del noroeste, bandas organizadas de narcos decía la radio, y que aparentemente hubo una revolución en Chile. En definitiva, contra la inseguridad y con todo lo otro no podía hacer nada, y a la neblina la estaba pasando ahora mismo. Catalina prefirió escuchar música, que tenía previamente seleccionada, puso una canción vieja de Richard Marx: "Hold onto the Nigthts". Se acordó de enchufar el celular que de todas formas nunca le servía en la casa del laberinto, pero no lo encendió. Terminó la canción y había avanzado 300 metros, las bocinas sonaban como si eso disipase la bruma. Al comenzar Don´t Dream is over  el tráfico avanzó y entonces ella tomo una calle que pocos tomaban porque era un barrio complicado, pero le permitía tomar la calle colectora y acceder a la autopista en el siguiente ingreso. Se escuchaban perros aullando, algo que en definitiva no era raro por la cantidad de perros del barrio. Por esa calle llegó bien al acceso a la autopista, cuando llegó avanzó 1 km a un buen ritmo hasta que finalmente se encontró con una fila de autos. Pensó en voz alta, bueno saco pasaje para otro día.
Mientras seguía otra canción; decidió ya que la espera daba para rato, abrir el paquetito que tenía en el auto. Cuando vio el remitente del paquetito no lo reconoció, pensó tal vez fuera de algún estudiante recomendado por uno de sus colegas en el exterior…tal vez alguien que se le había olvidado. Al abrir el paquete encontró varios sobres pequeños con estampillas de varios lugares del mundo. No entendía nada y abrió uno de los sobres el remitente era un viejo medio amigo medio conocido de la facultad, 3 años menor él nunca terminó la carrera porque decidió ingresar a las fuerzas armadas. Le sorprendió saber de él luego de tanto tiempo y abrió el paquetito intrigada, sin mirar la fecha de despacho ni el lugar, en el paquete había algo escrito. “Querida Caty te escribo sabiendo que sos la última a la que le voy a escribir” ¿una carta de suicidio? pensó, pero había varios sobres, aunque en los otros no había papeles. Siguió leyendo la carta:
    “Hace dos días me mandaron al consulado del Reino Unido para que esté en el interrogatorio de un hombre que te buscaba a vos, como comprenderás no me dan muchas explicaciones y solo querían que oficiara de traductor además de saber quien eras vos porque desde hace años eras un fantasma. El hombre les había mostrado cosas respecto a un virus o una invasión, hablaba ruso que ni los rusos entendían y en definitiva su argentino era más entendible. Les traduje lo que querían y lo desesperado que estaba el hombre en encontrarte. Nadie me dijo cómo o por qué lo tenían ahí. Después entendí que llegó de otro lado y que sin querer los contacto y él sabía de una infección o algo así que se propagaba por el mundo en días, entonces lo detuvieron. Parecía loco estaba loco, pero antes de verlo por última vez me dijo susurrando ( “Berchem basílica torre norte”) nadie más pareció escucharlo estaban desperados y desconcertados.”


Basilica
De Debroyer Tim - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=46074855
Un bocinazo interrumpió la lectura de la carta. Catalina avanzó unos 300 metros a paso de hombre y luego el tráfico paro otra vez. Permitiéndole continuar con su lectura:
“Después de estar en el consulado me asignaron ir a España y entonces decidí desobedecer y por primera vez actúe por instinto. Fui a Bruselas y lo que encontré en la basílica fue lo que esta en los sobres y además una dirección, no muy lejos de ahí en un departamento estaba el mismo hombre me recibió armado. Lo reduje luego de una buena pelea, le pregunté cómo se había escapado y me dijo(“-Yo no escapé, no aún”) Le pregunté si tenía un hermano gemelo y respondió que no, pero que tal vez habían atrapado a su doble, que yo podía ayudarlo a él a encontrarte porque ya era muy tarde para buscar al otro (yo pensé que era el que estaba en el consulado, pero él hablaba de un tercero) que eso no te podía no debía encontrarte antes. Lo que me contó después; parece sacado de un cuento de Stephen King y no lo hubiera creído ni siquiera después de ver lo que te mando en el sobre. Le creí cuando me llamó mi compañero desde Italia el hombre no mentía. Se acercaba “el devorador de mundos.”

La carta seguía, pero catalina estaba atónita, no sabía de Martín hace años y cuando la contactaba era para eso. La lógica le indicaba que las coincidencias no existen y las casualidades tampoco. Miró la hora y eran las 8:45 grito en voz alta ¡es imposible! encendió el celular y tenía más de 400 mensajes los que no vio porque lo que quería saber es que hora era y en la pantalla estaba 8:45. Pero cómo si no podría haber estado tanto tiempo en ese lugar. Encendió el celular seguro y el reloj marcaba 8:46 am, decidió dejar de escuchar Heaven de Bryan Adams y puso la radio…pero otra vez interferencia. Se fijo y el hombre del auto de al lado no la miraba, tocar bocina no tenía sentido. Entonces un temblor que se sintió en el auto esta vez y estaba relacionado con una cadena de explosiones ¡Bom boom boomm! Luego otra, y hasta una cuarta. Tomo las cosas de la caja y las metió en su mochila.
Parecía un accidente en cadena, una sucesión de explosiones sirenas. Estaba por lo que podía ver a 5 kilómetros al menos de la última explosión, pero la niebla seguía así que no tenía certeza de lo que veía. Se escuchaban gritos, pero los gritos demasiado cerca, eso no tenía sentido, aunque en la mente de Catalina giraba la pregunta qué tiene sentido desde ayer. De repente una horda de gente corría en sentido al auto de Catalina, sí corrían entre los autos por la autopista y se pisaban entre sí. Pensó rápido un derrame de un transporte de sustancias tóxicas. Se agachó a buscar su maletín y su botiquín de primeros auxilios. En ese instante algo rompió el vidrio del auto, pero no era algo era un alguien o algo. La desesperación no era parte de Catalina casi nunca, ella agarró el arma que bien le había enseñado a usar Don Günter (para cuidar virtud de nena le dijo) y sin dudarlo le voló la cabeza.

Catalina respiró no sabía que pasaba los segundos eran eternos tomo todos los celulares y los metió en su mochila además del maletín, tenía el arma en la mano. Afuera era un caos, era solo parte del caos total y parecía sacado de una película de Del Toro, eran vampiros estaban chupando sangre como en una jauría como en una orgia de sangre. No había tiempo de pensar se acercó otro por la espalda y ella no lo vio una pareja le dio un golpe con un matafuego y el ente cayó al suelo.
—Dios gracias!— Grito Catalina y agregó — Vengan tenemos que irnos ya, bajemos por acá el cartel dice km 23 por acá podemos bajar—
La chica lloraba y estaba paralizada. El hombre la cargó al hombro como un pedazo de res y empezaron a bajar.
Corrieron lo más que pudieron y se agazaparon en un galpón.
“Es el eclipse, será eso” Dijo el chico.
—¿Eclipse, cuál eclipse?— Pregunto Catalina
La chica lloraba inconsolable estaba en shock.
“¡Callate queres trato de pensar! Que mierda son esas cosas” Le grito el hombre.
—Para, para tranquilízate.—  Catalina abrió su maletín se acercó a la chica y le dio agua que tenía en su mochila, trato de tranquilizarla.
—Tu novia está en shock le tengo que dar algo— Dijo Catalina —El problema es que no se si esos cosos van a venir o que y si la duermo mucho no va a poder correr ni nada—
“¿Qué onda vos sos médica?”
—Sí—
“Bueno dale algo entonces y recemos porque no vengan”
—Soy agnóstica no se me da rezar, pero bueno, reza— Dijo Catalina y se acercó con algo que saco de su maletín y le inyecto.
La chica dejo de a poco de llorar y se durmió. Entonces volvieron a hablar.
—Mencionaste un eclipse.—
“Sí me lo dijeron mis primos que viven en Chile por mensaje de texto, que nadie ni el gobierno sabía.”
—Voy a llamar a mi hermano— Dijo Catalina, el teléfono de Alan sonó y sonó pero nadie atendió…
Una angustia que nunca había sentido comenzó a apoderarse de ella. De repente atendió Alan atendió rápido y cortó:
“Estoy bien es una mierda esto veni para…. A….o “Y se cortó.

Catalina y sus ocasionales amigos estaban en el galpón. Los tres solos esperaban en silencio.
En silencio esperaban  que no los encuentren; los zombis, vampiros o lo que sean, o  que los rescaten. O simplemente despertar, despertar de una pesadilla…







Continuara.  


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jueves, 23 de julio de 2020

La ultima bendita la ultima maldita

La Pandemia

El devorador de mundos



Una mañana como cualquiera en el hospital, faltaban reactivos que eran fáciles de comprar y económicos, pero por alguna razón el que hacía la compra decidía que siempre se compraban a lo último. Así que siempre se retrasaban los análisis por la burocracia de un idiota.

“Buen día Caty! Te traje factura (bizcochos) para el mate ¿Qué tal estuvo la guardia?”

—Hola, espero que hayas traído algo crocante sino más bien me voy. —
“See sí te traje.”
— La guardia como siempre, como guardia del domingo a la noche. Que te digo Firpo.—
“Ok me llamaste por el apellido ¿qué hice o no hice ahora?”
— Trajiste la correspondencia interna ¿Cierto?—
“Uhhh no!!! Me olvidé.”
—Ves Javier no se puede confiar en vos tras que te vengo a cubrir, te pido un favor y ahora tengo que esperar al mediodía porque sino esta tonta chusma pregunta todo.—
“A no te enojes negrita ahora voy y la busco. “
—Deja igual tengo que buscar el recibo de sueldo.—
“¿Entonces por qué haces tanto drama mujer?”. Dijo Javier abrazándola por atrás de la silla y tomándole el cuello.
—Porque el recibo igual no me sirve para nada…lo puedo buscar otro día. Pero ya está. Che por ser trosco no te lavaste los dientes. Hace el mate de castigo yo proceso las muestras y hago los informes. —

La mañana pasó muy rápido, como solían pasar las mañanas de los lunes.
—Javi me voy, ya termine.— Dijo Caty mientras Javier estaba en uno de los espacios aislados.
“Dale nena” dice Gachy que vayas a comer el viernes que hace pizza a la napo como te gusta. Lleva el moscato.”
—Hecho, te saludo de acá no salgas. —

Caty llegó a la oficina de recursos humanos y estaba la correspondencia que esperaba. Y también la chusma que siempre se metía donde no debía, Claudia…una de esas chupamedias capaces de prostituirse para sentir la fantasía de que tienen el poder.
“¿Hola chiqui qué buscas acá.?”
—Mi recibo de sueldo. Y… ¿Erica? Dónde está?—
“Fue al baño ya viene. Te busco el recibo.”

En eso volvió Erica del baño y entonces Caty aprovechó para pedirle la correspondencia.
“Sabes algo Caty ¿quiero preguntarte quién es la Dra Arguello? Siempre buscas lo que le mandan a ella.”
—¿Te contagiaste de Claudia? Es una médica de anatomía patológica que conoce a Javi Firpo de la facultad, le juntamos lo que le mandan y se lo mandamos.— 
“Ah pero no trabaja acá.”
—Sí pero me parece que cubre la guardia de alguien no se de quien. Dale, dame que me quiero ir.—
Erica le dio una pila de sobres, y un paquetito tipo encomieda. Una cantidad que superaba lo habitual, pero no llamó la atención de Caty
En ese momento salió Claudia con el recibo.
“Te ibas sin tu recibo nena y me costó encontrarlo. Es que son muchos técnicos de varias cosas viste” Dijo con tono irónico como si ella tuviera algo más que un título secundario y el mote de haberse acostado con todos los primeros viejos (en todo sentido) gordos y pelados directores, etc.
Le entregó el recibo y Catalina se fue. Con una pila de sobres.

Cuando llegó al estacionamiento del hospital sintió un temblor en la tierra, se quedó en el lugar pero tiró todo. Unos hombres se acercaron a ayudarla.