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viernes, 14 de agosto de 2020

𝗘𝗰𝗹𝗶𝗽𝘀𝗲




Continua catalina sobreviviendo a la pesadilla que comenzó un día de espesa neblina y extraño eclipse... que anunciaba la llegada del devorador de mundos



Quemando cabezas


Después de lo ocurrido en la autopista Catalina estaba con el arma en la cintura, el muchacho había agarrado un fierro mientras su novia dormía. Habían perdido la noción del tiempo, entre el desconcierto y el terror. No había señal de telefonía móvil, igual Catalina solo intentó un par de veces y luego apagó todos los aparatos, excepto uno con linterna, y los puso en su mochila. Todo seguía oscuro con una neblina con tonos de amarillo y naranja.
Catalina se dispuso a explorar un poco el lugar iluminando con uno de sus aparatos electrónicos y agarró un par de cosas que le parecían útiles.
Por un tiempo se escucharon sirenas de todo tipo, y helicópteros luego el silencio fue total.
Catalina volvió para hablar con la pareja que le había salvado la vida o al menos con uno de ellos.

—Contame que te dijeron del eclipse tus primos por favor —Dijo Catalina
—¿Qué queres que te cuente? —Preguntó el muchacho
—Lo que te dijo tu primo.
—Ah ok, dijo que no lo sabían…que fue de sorpresa.
Catalina lo miro atónita, como pensando si le jugaba una broma o algo similar.
—Mi nombre es Catalina ¿Cómo te llamás?
—José y ella es Luciana.

—Mira José no tenes porque saberlo, ni recordarlo desde la escuela, pero los eclipses de sol son predecibles hace mucho tiempo…te juro que lo que dijeron de que no lo sabían es una mentira. Catalina tomo aire y agregó, no hay eclipses de sol proyectados para este lugar por la forma de la tierra el último eclipse de sol se vio en San Juan parcialmente y en otras provincias, pero no en Buenos Aires.

—Pero eso dijo mi primo que pasaba que se ponía negro.
—Bueno algo pudo haber tapado el sol, pero claro en ese caso sí, sería un eclipse no como lo conocemos.
—¡Una nave extraterrestre! —Interrumpió José
—Bueno en ese caso obvio no lo podrían predecir —Asintió Catalina y levanto su ceja.
Luego ella agregó:
—No sé que sean esas cosas.
—Pero se mueren —Acotó José
Parece que sí, esperemos que sí. Igual no nos podemos quedar mucho acá. Tampoco me explico porque la niebla no se disipa, aunque tu hipótesis extraterrestre lo explicaría digo una nave ingresando a la atmosfera…bue como sea tenemos que irnos —Sentenció Catalina
—Pero ella está dormida no puedo cargarla y defenderla.
—No va a dormir mucho más que dos horas y para ese entonces al menos tiene que levantarse la niebla para que me oriente.
—Ah médica y exploradora —Ironizó el hombre riéndose y agregó —¿Qué más sos?
—Soy la que se va a ir de acá. —Dijo Catalina con voz grabe
—¡Uh! no te enojes flaca, es que no entiendo cómo no estás cagada en las patas, cómo sos tan fría. Le disparaste a un tipo y sos médica pero no te mosqueas.
Catalina lo miró y le dijo:
—No era un hombre, no se lo que era pero no era un hombre y si lo hubiera sido, si me atacó me defendí es todo.
—Mierda sos fría.
—Pará, queres que te cuente hasta que se despierte Luciana ¿o no?.
—Sí dale.
—No soy exploradora, de hecho detestaba acampar pero era la única forma de estar con mi mamá. Ella era botánica había estudiado con una de las mejores del país y tenía becas, viajaba por el mundo.
—A la mierda —Dijo José
—Seee, bueno lo que pasa es que cuando vas a ciertos lugares, aunque sea acá en el país las personas no son muy amigables. Lo que parece, o parecía natural y normal para algunos para otros no lo es y si salís del país menos. Mi vieja era botánica y bióloga, pero eso no la eximía de ir a zonas de conflicto armado por ejemplo en la frontera de Colombia cuando la guerrilla secuestraba porque sí. O bueno si la eximía no se tomaba el permiso.
—Perdona, pero tu vieja era una loca, no te ofendas eh a ver si me pegas un tiro.
—Ja,ja,ja no, no. Es que preguntaste de donde sabía orientarme, y porque era tan fría.  Y en verdad a veces me desoriento más en la ciudad. Cuando viajábamos no era tan malo aprendí mucho de ella y de sus estudiantes, que después fueron mis profesores. Cuando pase esto los invito a comer y les cuento alguna vieja aventura —Sonrió.
En ese momento se escucharon rasguños y quejidos. Se callaron y José le puso la mano cerca de la boca de Luciana para evitar que gritara. Estuvieron así un rato escuchando ruidos como de animales.
—Parece que se fueron. —Susurró el hombre.

Un estallido de vidrios confirmó lo contrario, los humanos mutados o lo que hayan sido entraron. Eran cinco humanos rabiosos, atacando.
El hombre agarró a su novia y la puso a resguardo, bajo unos muebles. Uno de los vampiros lo atacó y él le dio a uno con un fierro, pero eso se levantó.
Catalina roció a dos en la cabeza con pintura en aerosol (Que había recogido del depósito antes) quedaron desorientados y entonces llegó el tercero que le saltó y la empujó contra la pared. Catalina sacó su lapicera Mont Blanc y se la clavó en el orificio del oído izquierdo quedo retorciéndose. Mientras José luchaba a fierrazos con el otro que parecía fuerte y estaba por ser atacado por otro en eso Catalina le voló la cabeza. Luego abrió su mochila y sacó un desodorante en aerosol y con su encendedor improvisó un lanzallamas que uso con los rociados con pintura y con el que tenía clavada su lapicera.
imagen mente sincadenas

—Ahhhh —Gritaba el hombre mientras maldecía a lo que lo atacaba y le daba fierrazos (golpes con el hierro).

Los que estaban con la cabeza en llamas se retorcían, pero no morían aun así Catalina agarró un pedazo de vidrio grande y le cortó la cabeza a uno. Luego José terminó con los otros.
Los dos quedaron respirando agitados.
—Tu novia —Dijo Catalina entre soplando.
Luciana había permanecido debajo del mueble y había visto todo por una rendija. Se había orinado encima. José la agarró y la abrazó consolándola.
—Tenemos que irnos —Luciana comenzó con un ataque de llanto otra vez.
—O nos vamos o morimos acá. Agregó rápido Catalina
—Nos van a, nos van a ma… matar —Gritaba llorando Luciana.
José la sacudió como para que reaccione.
Luciana repetía su mantra.
—Nos van a, nos van a ma matar.
A lo que Catalina respondió.
—A mi hoy y acá no, y menos esos monstruos de cuentos.
—¡Callate Luciana! —Gritó José
—¿O qué me vas a pegar? —Le respondió su novia llorando y gimiendo.

Para ese entonces Catalina había salido por donde entraron los vampiros, ya había saldado su deuda disparando a la cabeza del atacante vampiro que peleaba con José. Tenía muchas cosas en la cabeza como para ocuparse de una idiota maricona pensó. Salió con pistola en mano.
Observo y no había nada a la vista, aunque con la niebla amarillenta de sepia poco se podía ver. Por su cabeza pasaban cosas que no merecían su análisis trataba de ser pragmática, caminó hacia una esquina y no vio nada.  Decidió que lo mejor era buscar altura. Entonces escucho que estaban atrás de ella. Hizo un medio giro y con la pierna derecha apuntó.

—¡Alto! Somos nosotros. —Grito José quien traía de la mano a Luciana.
—Ufff digan que tengo buenos reflejos —Dijo Catalina
—¿Por qué no nos esperaste? —Preguntó el hombre
—Porque no es momento de perder tiempo, si es el puto apocalipsis al menos quiero agarrar al diablo de la cola y revolearlo.
—Wowwuff de dónde sacaste esa frase.
—De mi abuela Agata ella nació en el campo y bueno tenía algunas frases de esas —Dijo Catalina mirando la esquina en diagonal, y avistando algo que parecía servirle.
Catalina cruzó las calles y la pareja la siguió.
—Sostene esto por favor. —Le dijo a Luciana dándole el maletín y agregó:
—Me imagino que trajiste tu fierro José.
—Sí traje mi fierro y me junté unos aerosoles de pintura, por tu idea
—Genial, ¿Tenés encendedor? Yo me asusté y me olvidé de tenerlo a mano para usarlos como.
—Mini lanzallamas —Interrumpió José
—Exacto, ¿tenes o no tenes? Y sabes como usarlo.
—Sí, sí.

La idea de Catalina era treparse a uno de los postes de madera que las compañías de luz jamás habían retirado, y es más hasta seguían usando como soporte. La ventaja es que esos postes tenían soportes en forma de gancho como para trepar sin necesidad de escalera.
Mirando a José le explicó lo que necesitaba.

—Bueno mira yo soy petisa para llegar al primer pinche del poste, pero como vos levantase a Lucía creo que conmigo podes hacer el esfuerzo.
—¿Qué queres hacer? —Le preguntó el hombre a Catalina, Luciana su mujer no hablaba.
—Necesito orientarme con un punto de referencia y de acá solo veo casas edificios…se que nos bajamos en el km 23 y la dirección fue en contra del río, pero necito un punto de referencia. —Explicó Catalina
—Y…te vas a trepar a un poste de madera.
—Sí excepto que quieras hacerlo vos. —Lo dijo decidida
—Dale te ayudo. —Dijo José mientras la ayudaba.

Así Catalina trepo el poste y de ahí vio la autopista que se distinguía por las luces y las llamas de los autos. Al otro lado había casas y del otro lado se veía una avenida con autos que iban y venían como si nada (aparentemente) es que la visibilidad seguía como en una foto en tonos amarillos sepia. Finalmente vio algo que la orientó era el tanque de agua de uno de los hospitales que conocía muy bien de sus épocas de estudiante estaba aproximadamente a unas 20 o 30 cuadras…que en esa situación era mucho. Pero en ese momento recordó que cerca de ahí vivía uno de sus compañeros de trabajo y que tal vez estaría a 10 o 15 cuadras. Vio unos perros que corrían o algo parecido, pensó que por suerte tenían que ir para el otro lado.

—¿Está todo bien? —Le preguntó José
—Sí, ya bajo ya sé dónde estamos.

Cuando Catalina bajó les contó lo que había visto y cual era su plan en principio. José sugirió robar un auto que había divisado a unos metros. Catalina no estuvo de acuerdo con lo propuesto al principio, pero finalmente José la convenció porque Luciana no podía moverse muy rápido porque seguía asustada. Además, entre sus argumentos José le dijo que mientras él manejaba ella podía estar atenta a todo y si era necesario demostrar sus habilidades de para disparar y defenderse. Robaron el auto sin problemas y se dirigieron a poca velocidad en la dirección que les dijo Catalina.

—¿Dónde aprendiste a disparar así?—Preguntó José
—En África —Respondió tajante Catalina
Y luego de un rato agregó.
—En verdad me enseño un jardinero del barrio, él fue quien me regaló el arma en mi cumpleaños de quince, nunca pensé que fuera realmente necesario (inspiró profundo y expiró) ni siquiera después de los viajes con mi mamá y mi hermanito.
Hasta que la epidemia de Ébola, las personas en situaciones de miseria hacen muchas cosas por desesperación en situaciones inesperadas. Cada uno hace lo que puede y no siempre es lo mejor. Pero algunos son simplemente malditos sin ser vampiros como los de esta mañana.
—Así que él te regaló eso y a tus padres no les pareció raro —Afirmó José
—Mi padre estaba muerto a esa época, mi vieja y mi abuela tiraban mejor que yo al menos cuando practicábamos —sonrió Catalina recordando situaciones.

Al llegar a la otra avenida José detuvo el auto, es que estaba llena de autos, parecían desorientados. Y parecía que ahí no había pasado nada las personas solo esperaban avanzar como en un día de niebla como otros tantos.

—Mierda y ahora ¿Qué hacemos? —Preguntó José y enseguida agregó:
—¿pero qué mierda pasa acá, no entiendo?
—Ni yo —Dijo Catalina.

Esperaron un rato y observando, vieron que todo era como un día de niebla o neblina como otros. Tocaban bocina y avanzaban algunos metros, no respetaban los semáforos de las calles que cortaban la avenida…algo típico.

—Pidamos ayuda —Murmuró Luciana.
—Sí es buena idea — Respaldó José
—Ok ¿Qué le van a decir? Que dos veces los atacaron vampiros, y que por alguna razón fue a 20 cuadras más o menos pero acá como si nada
—Sentenció Catalina y agregó:
—Cuando mucho los toman como locos o piensan en una broma de reality.
—Bueno capaz hubo un derrame de algo tóxico e imaginamos todo, yo leí que las alucinaciones colectivas son posibles con gases —Dijo Luciana

Catalina la miró y pensó si podía haber gente tan pelotuda en la vida. Luego recordó que los mecanismos de defensa a nivel psíquico actúan de diferente manera, entonces se contuvo.

—Chicos hagan lo que quieran yo me bajo acá y sigo por mi cuenta, tranquilos y suerte —Dijo Catalina.
—Es que no se —Dudó José —Fue todo muy raro, es todo muy raro.
—Tranquilo flaco, ella tal vez tenga parte de razón como sea yo necesito garantizarme comunicación y un laboratorio. La definición de vampiro no es algo diabólico o acaso los mosquitos parecen invocar al diablo. —Dijo Catalina con tono risueño

Enseguida los tres bajaron del auto.
José extendió la mano y le dio un tarro de pintura en aerosol.
—Por las dudas. —Dijo
—Para quemar cabezas, muchas gracias —Asintió Catalina

Se despidieron y Catalina siguió caminando sola; aunque ahora dudaba si ir a la casa de su compañero de trabajo o al hospital en busca de un laboratorio para ver la muestra de tejido de su lapicera.
Catalina caminó en la niebla a un destino incierto…

jueves, 30 de julio de 2020

El devorador de mundos

Continua la historia Iniciada con la La Pandemia "La ultima bendita la ultima maldita"
Aquí es la vida de Catalina la que se pone patas para arriba .
Continuamos con :

El devorador de mundos 2 


El eclipse 


“Se equivocaron y no se les murió o se equivocaron de paciente.”
—Le pregunté lo mismo y me juró que no fue eso.—
“Bueno, pero con tanta droga y masaje.”
—¡NO!— Grito Catalina. —No entendés la tipa estaba se sentó en la camilla y hablo a la familia. Eso es imposible, mucho más luego de 45´de RCP y la causa de la parada cardíaca.—
“No me grites idiota” Rezongó Alan
—Bueno ¿entendes que no se puede, cierto? No es que yo tengo un síncope y me hacen RCP aun así no me levantaría como si nada y hablaría.—
“O sea son zombis.”
—Deja de decir pelotudeces. —
“Según lo que te conto tu amigo eso es lo que serían y según lo que me explicas.”
—No es tan simple, te acordas cuando la abuela hablaba de los velorios. Se hacían por la posibilidad de catalepsia, que en este caso obvio no aplica. Pero sí pudiera darse un caso de narcolepsia lo cual explicaría lo que pareciera la muerte de la mujer y pudiera estar relacionada con lo que dijiste de Francia de una intoxicación por alguna planta y es por eso por lo que buscaban a mamá. Claro que no se enteraron de que hace 14 años está muerta.—
“¿Cuándo viajas?”
—Lo más directo lo conseguí para mañana al mediodía con 3 escalas. Tengo que buscar el pasaporte—Dijo Catalina y se levantó de su silla.

Se seguían escuchado alarmas de notificaciones. Además, sonó el timbre de la puerta. Alan miró la cámara de la puerta y no había nadie. Otra vez el timbre de la puerta. Alan volvió a mirar la otra cámara y la otra hasta que se dio cuenta que había solo una persona que usaba la puerta de acceso al invernadero. Sí, era él, el hombre que había vivido todas las guerras. Un tipo que tenía como 87 años declarados (aparentaba mucho menos, incluso hasta unos 60) un alemán grandote que estaba bastante loco, y usualmente no se llevaba bien con nadie del barrio era un ermitaño, él vivía en el barrio desde que los abuelos de los hermanos tenían la fábrica. Como él era quien se encargaba del invernadero desde que la abuela vivía, con los chicos (para él eran chicos) se llevaba muy bien y hasta les cocinaba algo de vez en cuando. La gente decía cosas de él como que había sido nazi y cosas similares, pero Catalina y Alan se habían criado con él, y como les había dicho su madre si hubiera sido cierto lo hubieran juzgado hace tiempo porque el viejo vivía ahí cuando la madre de los chicos era una nena. El viejo simplemente no hablaba mucho y cuando lo hacía sus conversaciones delirantes desconcertaban a sus oyentes. Todo lo pedía a domicilio incluso antes del delivery y no tenía familia; y si bien coleccionaba armas también tenía libros de todos lados y una amplia colección de cosas antiguas.Alan bajo a ver qué quería don Günter. Don Günter pregunto por Catalina y le dijo que no salieran esas noches que él les había cocinado costillas de cerdo y varias cosas más, que era peligroso y le dio una pulsera tipo esclava a cada uno y le pidió que se la pusieran. Alan le agradeció y le dijo que sí a todo y volvió a la casa con intención de seguir monitoreando.
—¿Qué trajo el viejo?— Dijo Catalina que estaba agarrando algo de la biblioteca.
“Obvio cierto quien sino el viejo Günter puede venir a la “caaasa del laberinto”- Rio Alan.”
—Obvio nadie sabe o recuerda donde vivimos, para mis amigos y amantes vivo en ese departamento art deco del puerto y para los tuyos vivís en la chetocracia de la torre más cheta (refinada).—
“Sí además mis camuflajes funcionan bien, ni los mapas de la red ubican este lugar” Alan hizo un ademán con las cejas y agregó. “Y mis bloqueos para los celulares”
-Amén hermano, ahora si mandó comida vamos a comer que me quiero acostar temprano, a ver si duermo— Dijo Catalina acercándose a los paquetes de don Günter. —Además me acordé de que tengo el pasaporte en el departamento así que tengo que irme más temprano.—

Después de comer Catalina escucho los mensajes del contestador automático y uno le llamó la atención pues sí hablaba de posible toxicidad con moho y además de fotosensibilidad. Le pidió a Alan que le enseñe la grabación que él había hecho para vaciar el contestador. Maldijo a Javier por haberle pedido que lo cubriera, los mensajes eran del viernes a la tarde cuando ella salió para el hospital.
Después de eso Catalina fue a su habitación y Alan a otro de sus dominios electrónicos dentro de la casa, en el altillo donde había radios de todo tipo.

A las 5 am sonó el despertador, Catalina se levantó y bajo a la cocina. En la heladera había una notita: (“me fui porque tengo que hablar con los pibes del barrio el Carajo, te veo en el aeropuerto”.) Al ver semejante cosa pensó mi hermano es un hacker y me deja notitas, en casa de herrero. Desayuno, se bañó y solo agarro lo indispensable pues no solía viajar con gran equipaje.
Entró a su auto y vio otra notita de su hermano que decía,( “te dejé la pulsera de don Günter, ponetela después te explico”). Se puso la pulsera que estaba en el asiento, se dio cuenta que ni había revisado lo que le mandaron, habitualmente revistas científicas libros, papeles con protocolos para firmar y alguna que otra vez algún regalo como el del paquetito que no abrió. Pensó en hacerlo mientras esperaba a abordar.
Cuando salió de la casa la bruma era espesa y la visibilidad muy reducida. Encendió la radio, pero hubo interferencia hasta que salió a la avenida. Luego de un rato entre música anunciaban la necesidad de circular con precaución, por la neblina espesa poco habitual para la época del año.
La marcha era sumamente lenta, en verdad se arrepentía de haberse apresurado a sacar el pasaje, pues suponía que de seguir así de lento simplemente no llegaría siquiera a agarrar el documento para viajar.
En la radio también decían que hubo asaltos y hechos de violencia inusuales desde hace dos noches en algunos lugares de las provincias del noroeste, bandas organizadas de narcos decía la radio, y que aparentemente hubo una revolución en Chile. En definitiva, contra la inseguridad y con todo lo otro no podía hacer nada, y a la neblina la estaba pasando ahora mismo. Catalina prefirió escuchar música, que tenía previamente seleccionada, puso una canción vieja de Richard Marx: "Hold onto the Nigthts". Se acordó de enchufar el celular que de todas formas nunca le servía en la casa del laberinto, pero no lo encendió. Terminó la canción y había avanzado 300 metros, las bocinas sonaban como si eso disipase la bruma. Al comenzar Don´t Dream is over  el tráfico avanzó y entonces ella tomo una calle que pocos tomaban porque era un barrio complicado, pero le permitía tomar la calle colectora y acceder a la autopista en el siguiente ingreso. Se escuchaban perros aullando, algo que en definitiva no era raro por la cantidad de perros del barrio. Por esa calle llegó bien al acceso a la autopista, cuando llegó avanzó 1 km a un buen ritmo hasta que finalmente se encontró con una fila de autos. Pensó en voz alta, bueno saco pasaje para otro día.
Mientras seguía otra canción; decidió ya que la espera daba para rato, abrir el paquetito que tenía en el auto. Cuando vio el remitente del paquetito no lo reconoció, pensó tal vez fuera de algún estudiante recomendado por uno de sus colegas en el exterior…tal vez alguien que se le había olvidado. Al abrir el paquete encontró varios sobres pequeños con estampillas de varios lugares del mundo. No entendía nada y abrió uno de los sobres el remitente era un viejo medio amigo medio conocido de la facultad, 3 años menor él nunca terminó la carrera porque decidió ingresar a las fuerzas armadas. Le sorprendió saber de él luego de tanto tiempo y abrió el paquetito intrigada, sin mirar la fecha de despacho ni el lugar, en el paquete había algo escrito. “Querida Caty te escribo sabiendo que sos la última a la que le voy a escribir” ¿una carta de suicidio? pensó, pero había varios sobres, aunque en los otros no había papeles. Siguió leyendo la carta:
    “Hace dos días me mandaron al consulado del Reino Unido para que esté en el interrogatorio de un hombre que te buscaba a vos, como comprenderás no me dan muchas explicaciones y solo querían que oficiara de traductor además de saber quien eras vos porque desde hace años eras un fantasma. El hombre les había mostrado cosas respecto a un virus o una invasión, hablaba ruso que ni los rusos entendían y en definitiva su argentino era más entendible. Les traduje lo que querían y lo desesperado que estaba el hombre en encontrarte. Nadie me dijo cómo o por qué lo tenían ahí. Después entendí que llegó de otro lado y que sin querer los contacto y él sabía de una infección o algo así que se propagaba por el mundo en días, entonces lo detuvieron. Parecía loco estaba loco, pero antes de verlo por última vez me dijo susurrando ( “Berchem basílica torre norte”) nadie más pareció escucharlo estaban desperados y desconcertados.”


Basilica
De Debroyer Tim - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=46074855
Un bocinazo interrumpió la lectura de la carta. Catalina avanzó unos 300 metros a paso de hombre y luego el tráfico paro otra vez. Permitiéndole continuar con su lectura:
“Después de estar en el consulado me asignaron ir a España y entonces decidí desobedecer y por primera vez actúe por instinto. Fui a Bruselas y lo que encontré en la basílica fue lo que esta en los sobres y además una dirección, no muy lejos de ahí en un departamento estaba el mismo hombre me recibió armado. Lo reduje luego de una buena pelea, le pregunté cómo se había escapado y me dijo(“-Yo no escapé, no aún”) Le pregunté si tenía un hermano gemelo y respondió que no, pero que tal vez habían atrapado a su doble, que yo podía ayudarlo a él a encontrarte porque ya era muy tarde para buscar al otro (yo pensé que era el que estaba en el consulado, pero él hablaba de un tercero) que eso no te podía no debía encontrarte antes. Lo que me contó después; parece sacado de un cuento de Stephen King y no lo hubiera creído ni siquiera después de ver lo que te mando en el sobre. Le creí cuando me llamó mi compañero desde Italia el hombre no mentía. Se acercaba “el devorador de mundos.”

La carta seguía, pero catalina estaba atónita, no sabía de Martín hace años y cuando la contactaba era para eso. La lógica le indicaba que las coincidencias no existen y las casualidades tampoco. Miró la hora y eran las 8:45 grito en voz alta ¡es imposible! encendió el celular y tenía más de 400 mensajes los que no vio porque lo que quería saber es que hora era y en la pantalla estaba 8:45. Pero cómo si no podría haber estado tanto tiempo en ese lugar. Encendió el celular seguro y el reloj marcaba 8:46 am, decidió dejar de escuchar Heaven de Bryan Adams y puso la radio…pero otra vez interferencia. Se fijo y el hombre del auto de al lado no la miraba, tocar bocina no tenía sentido. Entonces un temblor que se sintió en el auto esta vez y estaba relacionado con una cadena de explosiones ¡Bom boom boomm! Luego otra, y hasta una cuarta. Tomo las cosas de la caja y las metió en su mochila.
Parecía un accidente en cadena, una sucesión de explosiones sirenas. Estaba por lo que podía ver a 5 kilómetros al menos de la última explosión, pero la niebla seguía así que no tenía certeza de lo que veía. Se escuchaban gritos, pero los gritos demasiado cerca, eso no tenía sentido, aunque en la mente de Catalina giraba la pregunta qué tiene sentido desde ayer. De repente una horda de gente corría en sentido al auto de Catalina, sí corrían entre los autos por la autopista y se pisaban entre sí. Pensó rápido un derrame de un transporte de sustancias tóxicas. Se agachó a buscar su maletín y su botiquín de primeros auxilios. En ese instante algo rompió el vidrio del auto, pero no era algo era un alguien o algo. La desesperación no era parte de Catalina casi nunca, ella agarró el arma que bien le había enseñado a usar Don Günter (para cuidar virtud de nena le dijo) y sin dudarlo le voló la cabeza.

Catalina respiró no sabía que pasaba los segundos eran eternos tomo todos los celulares y los metió en su mochila además del maletín, tenía el arma en la mano. Afuera era un caos, era solo parte del caos total y parecía sacado de una película de Del Toro, eran vampiros estaban chupando sangre como en una jauría como en una orgia de sangre. No había tiempo de pensar se acercó otro por la espalda y ella no lo vio una pareja le dio un golpe con un matafuego y el ente cayó al suelo.
—Dios gracias!— Grito Catalina y agregó — Vengan tenemos que irnos ya, bajemos por acá el cartel dice km 23 por acá podemos bajar—
La chica lloraba y estaba paralizada. El hombre la cargó al hombro como un pedazo de res y empezaron a bajar.
Corrieron lo más que pudieron y se agazaparon en un galpón.
“Es el eclipse, será eso” Dijo el chico.
—¿Eclipse, cuál eclipse?— Pregunto Catalina
La chica lloraba inconsolable estaba en shock.
“¡Callate queres trato de pensar! Que mierda son esas cosas” Le grito el hombre.
—Para, para tranquilízate.—  Catalina abrió su maletín se acercó a la chica y le dio agua que tenía en su mochila, trato de tranquilizarla.
—Tu novia está en shock le tengo que dar algo— Dijo Catalina —El problema es que no se si esos cosos van a venir o que y si la duermo mucho no va a poder correr ni nada—
“¿Qué onda vos sos médica?”
—Sí—
“Bueno dale algo entonces y recemos porque no vengan”
—Soy agnóstica no se me da rezar, pero bueno, reza— Dijo Catalina y se acercó con algo que saco de su maletín y le inyecto.
La chica dejo de a poco de llorar y se durmió. Entonces volvieron a hablar.
—Mencionaste un eclipse.—
“Sí me lo dijeron mis primos que viven en Chile por mensaje de texto, que nadie ni el gobierno sabía.”
—Voy a llamar a mi hermano— Dijo Catalina, el teléfono de Alan sonó y sonó pero nadie atendió…
Una angustia que nunca había sentido comenzó a apoderarse de ella. De repente atendió Alan atendió rápido y cortó:
“Estoy bien es una mierda esto veni para…. A….o “Y se cortó.

Catalina y sus ocasionales amigos estaban en el galpón. Los tres solos esperaban en silencio.
En silencio esperaban  que no los encuentren; los zombis, vampiros o lo que sean, o  que los rescaten. O simplemente despertar, despertar de una pesadilla…







Continuara.  


Todos los derechos reservados

jueves, 23 de julio de 2020

La ultima bendita la ultima maldita

La Pandemia

El devorador de mundos



Una mañana como cualquiera en el hospital, faltaban reactivos que eran fáciles de comprar y económicos, pero por alguna razón el que hacía la compra decidía que siempre se compraban a lo último. Así que siempre se retrasaban los análisis por la burocracia de un idiota.

“Buen día Caty! Te traje factura (bizcochos) para el mate ¿Qué tal estuvo la guardia?”

—Hola, espero que hayas traído algo crocante sino más bien me voy. —
“See sí te traje.”
— La guardia como siempre, como guardia del domingo a la noche. Que te digo Firpo.—
“Ok me llamaste por el apellido ¿qué hice o no hice ahora?”
— Trajiste la correspondencia interna ¿Cierto?—
“Uhhh no!!! Me olvidé.”
—Ves Javier no se puede confiar en vos tras que te vengo a cubrir, te pido un favor y ahora tengo que esperar al mediodía porque sino esta tonta chusma pregunta todo.—
“A no te enojes negrita ahora voy y la busco. “
—Deja igual tengo que buscar el recibo de sueldo.—
“¿Entonces por qué haces tanto drama mujer?”. Dijo Javier abrazándola por atrás de la silla y tomándole el cuello.
—Porque el recibo igual no me sirve para nada…lo puedo buscar otro día. Pero ya está. Che por ser trosco no te lavaste los dientes. Hace el mate de castigo yo proceso las muestras y hago los informes. —

La mañana pasó muy rápido, como solían pasar las mañanas de los lunes.
—Javi me voy, ya termine.— Dijo Caty mientras Javier estaba en uno de los espacios aislados.
“Dale nena” dice Gachy que vayas a comer el viernes que hace pizza a la napo como te gusta. Lleva el moscato.”
—Hecho, te saludo de acá no salgas. —

Caty llegó a la oficina de recursos humanos y estaba la correspondencia que esperaba. Y también la chusma que siempre se metía donde no debía, Claudia…una de esas chupamedias capaces de prostituirse para sentir la fantasía de que tienen el poder.
“¿Hola chiqui qué buscas acá.?”
—Mi recibo de sueldo. Y… ¿Erica? Dónde está?—
“Fue al baño ya viene. Te busco el recibo.”

En eso volvió Erica del baño y entonces Caty aprovechó para pedirle la correspondencia.
“Sabes algo Caty ¿quiero preguntarte quién es la Dra Arguello? Siempre buscas lo que le mandan a ella.”
—¿Te contagiaste de Claudia? Es una médica de anatomía patológica que conoce a Javi Firpo de la facultad, le juntamos lo que le mandan y se lo mandamos.— 
“Ah pero no trabaja acá.”
—Sí pero me parece que cubre la guardia de alguien no se de quien. Dale, dame que me quiero ir.—
Erica le dio una pila de sobres, y un paquetito tipo encomieda. Una cantidad que superaba lo habitual, pero no llamó la atención de Caty
En ese momento salió Claudia con el recibo.
“Te ibas sin tu recibo nena y me costó encontrarlo. Es que son muchos técnicos de varias cosas viste” Dijo con tono irónico como si ella tuviera algo más que un título secundario y el mote de haberse acostado con todos los primeros viejos (en todo sentido) gordos y pelados directores, etc.
Le entregó el recibo y Catalina se fue. Con una pila de sobres.

Cuando llegó al estacionamiento del hospital sintió un temblor en la tierra, se quedó en el lugar pero tiró todo. Unos hombres se acercaron a ayudarla.

miércoles, 15 de julio de 2020

La Pandemia

La ultima bendita la ultima maldita



La luna bella, cargada de sueños magia inspiración de cientos de escritores. Depositaria de una cantidad indefinida de hipótesis, que en un principio sufrieron censuras y después simplemente hasta ahora son irrefutables.
La vemos blanca, amarilla, dorada, roja nada como tener el privilegio de haber disfrutado alguna vez de esos colores o la morfología de sus fases.
Luna de enamorados, luna de sueños o...luna de pesadillas.


Noche de primavera el sonido de los tacos de un zapato quiebran el silencio de la noche. Una mujer joven camina por una calle esta aproximadamente a 400 metros de su casa. Ella siempre hace ese recorrido al volver de su trabajo.
Saca la llave, enseguida alguien la interceptada la toma de un brazo la mujer reacciona por instinto y golpea al hombre en la tráquea. La mujer grita pero nadie se involucra, ella comienza a correr el hombre se recupera pronto y la alcanza casi con un tackle de rugby la tira al piso...ella cae boca abajo.
 El atacante murmura algo:
 "no... miedo".

Presa del terror ante el ataque, pero con una fuerte descarga de adrenalina la mujer piensa y a pesar de que solo son segundos todo parece en cámara lenta.
El agresor da vuelta a la mujer, la levanta y la pone contra una pared, ella perdió su cartera (la tiro) en la huida sin embargo en su bolsillo tiene una lapicera en un instante la saca de su bolsillo y la agarra firme con su mano el hombre habla rápido:
"No tengas miedo no quiero lastimar" en ese instante la mujer clava la lapicera en el cuerpo del hombre (no importa dónde). El reacciona dándole un golpe y desmayándola...oscuridad...